Zeferino en otro día de furia
Tomás Tenorio Galindo
El 5 de octubre se rompió el predominio electoral del PRD en el estado, el gobierno perdió la base y legitimidad social que
adquirió en el 2005, y por lo visto también se quebró la estabilidad emocional del gobernador Zeferino Torreblanca Galindo.
Esto último quedó de manifiesto con el nuevo e irracional estallido de furia del gobernador, escenificado este martes durante una
gira que realizó por colonias de Acapulco, donde empleó todo el peso de su investidura para atacar a su partido por atreverse a
exigirle el cese de colaboradores ineptos y, por enésima ocasión, aplicar las políticas sociales del PRD.
“Este gobierno va a seguir actuando con responsabilidad, aunque algunos de ustedes se molesten, se enojen y se decepcionen;
este gobierno no va a ser irresponsable; quiero que el día de mañana digan perdimos por culpa de Zeferino porque no repartió
despensas, porque no repartió dinero, por culpa de Zeferino por no saberse llevar con sus compañeros de partido; me pueden
culpar de todo, pero no de mentiroso, de irresponsable ni de corrupto”, dijo en un discurso antes de entrar en materia.
Como los lectores de este diario saben, el viernes de la semana pasada el Comité Ejecutivo Estatal del PRD convocó a una
reunión “ampliada” a todos los líderes de las corrientes partidistas, con el objetivo de analizar las causas de la derrota electoral y
tomar decisiones con la mira puesta en mantener el control del Congreso, en las elecciones federales del 2009 e incluso en la
elección de gobernador del 2011. Allí, las cúpulas del PRD estatal en pleno resolvieron buscar una alianza con Convergencia y el
PT en el Congreso local, constituir el Frente Amplio Progresista para las elecciones del 2009 y exigir a Zeferino Torreblanca una
rectificación de las políticas públicas de su gobierno así como el cese de cinco de los secretarios de su gabinete, aquellos que
con más nitidez practican una visión contraria al programa social del PRD. En un acuerdo colateral, también emitieron un
comunicado en el que solicitan que atienda al movimiento magisterial opositor al Acuerdo por la Calidad de la Educación, y
cancelar la adhesión de su gobierno a este instrumento del gobierno federal.
Es obvio que detrás de esos reclamos se encuentra la convicción, compartida por el Comité Ejecutivo y los dirigentes de todas las
corrientes con excepción de la del gobernador (Izquierda Renovadora), de que el gobierno de Zeferino Torreblanca fue un factor
decisivo para la derrota electoral. Pero ninguno de los asistentes a ese encuentro lo expresó así, y todos los que hicieron
declaraciones guardaron un margen de respeto al gobernador.
Quien con mayor visibilidad hizo las veces de vocero de los acuerdos fue Armando Chavarría, líder del Polo Guerrerense de
Izquierda (PGI), quien el mismo viernes y el sábado delineó la naturaleza y alcance del encuentro. Y no habría podido tener el
gobernador un interlocutor más comedido que su ex secretario de Gobierno.
El viernes dijo Chavarría que solicitarían una reunión con Zeferino Torreblanca con el objetivo de que una comisión “le plantee las
posiciones que tenemos, nuestros puntos de vista y que también él haga planteamientos de rectificación de las políticas públicas
del gobierno del estado”. Explicó que el objetivo de la reunión fue que las corrientes del PRD hicieran una evaluación, “un análisis
sin caer en la autoflagelación, no se trata de esto; hay que hacer un recuento de los daños, hacer una estrategia a futuro”.
Dijo también que “hay cosas que se han hecho bien, pero hay cosas que se han hecho mal; creo que tiene que haber un mayor
énfasis en la política social del gobierno del estado, tiene que irse a la solución de las demandas de la sociedad, se tiene que
tener mayor comunicación con los movimientos sociales”. Explicó la demanda de los relevos de funcionarios por la necesidad de
“hacer cambios en el gabinete con gente eficiente, gente sensible y además con gente que tenga militancia perredista”.
Y manifestó su deseo de que ahora sí esas recomendaciones y posturas del perredismo encuentren “eco” en el gobernador, de
quien esperan “que haya sensibilidad, de lo contrario el partido se reserva su derecho de actuar como lo considere conveniente.
Estamos cuando menos en la posibilidad de que se establezca un ánimo franco, abierto entre el gobierno del estado y el PRD y se
llegue a un acuerdo equilibrado”.
Y el sábado, al cabo de la reunión que sostuvo con Luis Walton en Acapulco por encargo del PRD, reiteró que “tenemos la
esperanza de que haya un cambio” en el gobierno. Dijo que el cambio esencial del gobernador debe ser en la política social,
además del cambio de funcionarios. Y en tono propositivo advirtió que “si hay sensibilidad, seguiremos muy estrechamente
vinculados con el gobierno del estado, si no la hay el partido tendrá que tomar sus propias decisiones”.
No hubo en esas declaraciones, ni en las de otros dirigentes, ni estridencia, ni dolo, ni mala fe, y ni siquiera un ánimo de culpar
al gobernador, sino una evidente preocupación por el futuro del PRD.
Por eso resultó sorpresivo que el martes en Acapulco el gobernador contestara con diatribas. Un adelanto del tono que adoptaría
el contador Torreblanca para responder lo proporcionó el lunes Julio Ortega Meza, dirigente formal de Izquierda Renovadora y
brazo político del gobernador, quien en su propio arrebato acusó a todos los asistentes a la reunión del viernes –a la que él no
asistió pese a estar convocado–, de haber actuado con dolo, mala fe o en busca de intereses personales por resolver lo que
resolvieron.
Sin embargo, en Acapulco, Zeferino Torreblanca se desahogó desenfrenadamente, pues llegó al exceso de afirmar que los
acuerdos tomados por el Comité Ejecutivo Estatal del PRD y los dirigentes responden al hecho de que hay “exceso de libertad, y
la gente lo ejerce (el exceso) en toda su dimensión”.
Peor todavía, explícitamente dijo que esa “libertad” es usada por “algunos” para denostar. Con la palabra “algunos” se refirió a los
dirigentes del PRD, que se supone son sus compañeros de partido. “Si el gobernador es traidor por no haberse metido en las
elecciones pues seguiré siendo traidor”, dijo, como si realmente fuera verdad que no intervino en las elecciones.
Y ya desenfrenado, el gobernador dijo que “lo que voy a hacer es ser muy prudente”, prudencia que sin embargo no se observó
en su siguiente frase, pues agregó que “voy a aguantar inclusive algunos señalamientos injustos, manipulados, tergiversados,
dolosos”, para terminar con la frase: “quisiera que mejor me lo dijeran de frente y esperaría los espacios”.
Esa ejemplar muestra de descontrol que exhibió el gobernador Torreblanca no es nueva. Es la misma especie de desorden
emocional que en otros momentos le ha impedido darse cuenta de la realidad que lo circunda.
En esta ocasión no percibe que su gobierno hizo agua el 5 de octubre y de que, si desea mantener su gestión en niveles mínimos
de gobernabilidad política, necesita al PRD tanto como al aire que respira.
Es inocultable que las elecciones dejaron a Zeferino Torreblanca absolutamente aislado de la base social perredista que lo llevó al
poder en el 2005, pero a pesar de ello este martes el gobernador se concedió permiso para dinamitar el puente que lo une a él y
a su gobierno con el PRD.
No ha comprendido, porque no ha querido o porque es incapaz de ello, que la subsistencia de su gobierno depende del partido,
mientras que para el partido su gobierno se ha convertido en un verdadero lastre.
Más todavía: en las actuales circunstancias el PRD puede prescindir de un gobierno que en los hechos nunca ha sido suyo –por lo
que no podría perder lo que no le ha pertenecido–, pero el gobernador en cambio no puede prescindir del apoyo del partido.
Precisamente en reconocimiento de la nueva realidad política del estado, el PRD en pleno le ha enviado públicamente ese mensaje
a Zeferino Torreblanca, que más concretamente equivale a una soga de salvamento. Pero el antiguo empresario abarrotero en
lugar de tomar la soga, dar las gracias y mirar hacia los dos años y medio que le quedan de gobierno, respondió con un arranque
de ira, reacción inconcebible en un gobernante.
A la vista de todo lo anterior, quién sabe qué será más grave: si la ruptura en curso entre Zeferino y el PRD, o la de Zeferino con
la realidad.
tenorioga@hotmail.com
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