Ofrecen presuntos militares ayuda a los deudos del indígena que asesinaron
Carmen González Benicio
Tlatzala, Tlapa
Justicia. Es la palabra que define los comentarios y sentimientos de los familiares en el velorio y sepelio del joven naua, Bonfilio Rubio Villlegas que murió el pasado sábado por una bala que se incrustó en el autobús y luego en su cuello y que salió de armas militares en el retén del crucero de la carretera Tlapa- Puebla a la comunidad de Santa Cruz, del municipio de Huamuxtitlán.
Entre tanto, dos voces anónimas que dicen pertenecer al 93 Batallón de Infantería con sede en Tlapa, llamaron a sus familiares a su casa para ofrecer su ayuda y hacerse cargo de los gastos del funeral de Bonfilio para acallar conciencias.
Familiares, en medio del dolor y la falta de recursos económicos aseguraron tajantes que no recibirán nada del Ejército, “humildemente lo podemos sepultar, ya tenemos todo”, dijeron. Además de que esperaban un comentario o apoyo antes, como cuando llegaron el pasado lunes al Ministerio Público de Huamuxtitlán en que los vieron con indiferencia y menosprecio, cuando les dijeron que eran los familiares del asesinado y no les dirigieron la palabra. “Ahí nos sentimos humillados, solos, sin que nadie nos diera información”, remarcaron.
Señalaron que no van a recibir nada porque la averiguación va a seguir, “si aceptamos renunciamos a la justicia, a lo que pensamos hacer para encontrar a los responsables y una explicación de lo que sucedió” y que llevó a la muerte al hijo menor de la familia Rubio Villegas sin ningún motivo.
Los hermanos presentes coincidieron en que los militares con sus llamadas anónimas a su domicilio, a un número de teléfono que no han manejado en ningún documento oficial, pretenden intimidarlos por la relevancia que tomó el caso y por eso los pretenden “comprar”, para que después no les permitan denunciar y exigir justicia. “Estamos dispuestos a seguir, esto no se cierra con enterrarlo, es el comienzo”, dijeron.
Agregaron que las llamadas de los militares son porque se sienten obligados, culpables, “ellos lo asesinaron, ellos dispararon la bala que le perforó el cuello y le quitó la vida, se llevaron su alma y no les venderemos el cuerpo”, expresan en medio de la tristeza y los rezos de la velada.
Larga espera
A las siete de la noche del martes llegó finalmente el cuerpo de Bonfilio a Tlatzala en ataúd blanco y con la recomendación de que no se abriera ante los cerca de cuatro días que tardaron los familiares en recuperar su cuerpo. Sólo pudieron colocarle unos huaraches y una corona de palma, como es la tradición, dijo su cuñada Verónica González González, esposa de su hermano José, el mayor y responsable de hacerle frente al funeral por ser el único hombre cerca.
Dijeron que en el crucero de Tres Caminos, rumbo a Olinalá se encontraron con un retén de militares que les preguntaron a dónde iban y que llevaban y sin más les dieron paso; sin contratiempos llegaron a la comunidad donde lo esperaban sus padres, Secundino Rubio Peralta de 70 años y Margarita del Carmen Villegas Muñoz de 64 años.
La velación del cuerpo fue en medio de llantos y rezos. La casa donde se veló fue construida por él con el dinero de su estancia en los Estados Unidos, una casa de material que contrasta con las de adobe que se encuentran a un lado y que quedará sin terminarse “bien” y sin ser usada por el finado o la familia que lo animaba a tener ante sus 29 años de vida y sin mujer.
La familia Rubio Villegas estará acompañada por el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan en las diligencias que tengan que hacerse para aclarar la muerte de Bonfilio, así como también acompañarán el próximo viernes a su hermano José, a la Agencia del Ministerio Público de Huamuxtitlán.
Las respuestas que no están
El comisario de la comunidad naua, Serafín Lauro Vivar habló a nombre de su comunidad y resumió el sentir de su pueblo: indignación.
Lauro Vivar se preguntó: “¿A quién se le ocurre disparar a un autobús, es del servicio público y va mucha gente inocente? Además, ellos usan armas de grueso calibre. ¿La bala entró por la espalda? ¿Si tenía problemas lo hubieran detenido?”, son sólo algunas de las interrogantes para tratar de entender porqué murió Bonfilio Rubio, de 29 años de edad a quien definió como una persona responsable.
Agregó que el día sábado que Bonfilio visitó a sus papás fue para despedirse, pues ante la falta de oportunidades de empleo, el 26 de junio cruzaría la frontera para llegar a Nueva York, con su otro hermano y donde ya había estado cerca de cinco años.
Los últimos seis meses los estuvo viviendo en la ciudad de México, en donde se empleaba como peón de albañil en compañía de uno de sus cuñados con quien abrió un negocio de pollos que les fue cerrado por las autoridades por un requisito que no cumplían, lo que desesperó a Bonfilio y lo llevó a pensar en regresar a los Estados Unidos.