Incredulidad y consternación, en torno al cuerpo del periodista acribillado
Juan Carlos Moctezuma R.
El periodista Amado Ramírez Dillanes fue asesinado ayer minutos después de cumplir con
la labor que religiosamente ejerció durante la mitad de sus 50 años de vida: informar.
El asesinato ocurrió en plena Semana Santa, a unos 200 metros de distancia de un Zócalo
repleto de turistas y de fieles que acudieron a la catedral de Nuestra Señora de la Soledad
a la ceremonia vespertina de La Pasión y Muerte de Jesucristo.
Apenas 23 minutos después de despedirse de sus radioescuchas, el titular del noticiero Al
Tanto y corresponsal de Televisa desde hace casi 20 años, fue blanco de los disparos de
un sicario que se alojaron en su abdomen y en la fosas ilíacas de su cuerpo.
El atentado
Exactamente a las 19 horas con 22 minutos, el periodista llegaba a su auto Focus negro
estacionado en la calle La Paz, casi esquina con José María Iglesias, frente a las antiguas
oficinas de Canacintra, en el corazón de Acapulco.
Venía de cumplir su cotidiana labor de las instalaciones del grupo radiorama, en el edificio
Nick.
Tras subirse al vehículo y encenderlo, un hombre se le acercó y por el cristal de su
ventanilla le disparó a quemarropa los balazos de calibre .38 Súper.
Herido de muerte, Amado alcanzó a salir del auto y dar unos cuantos pasos hacia el
modesto hotel California, donde quedó tendido en el pórtico, justo encima del tapete que da
la bienvenida a los huéspedes.
Aún con vida –según testigos–, pidió ayuda e intentó levantarse por su propio pie, sin
embargo sus fuerzas lo abandonaban poco a poco.
El periodista todavía estuvo tendido con vida durante varios minutos, ante la alarma y
ansiedad de quienes intentaban ayudarlo, sin embargo el pesado tráfico vehicular impidió
la rápida llegada de las ambulancias.
La ayuda llegó 18 minutos después del atentado y aunque los paramédicos intentaron
aplicarle los auxilios de emergencia, sus esfuerzos fueron infructuosos. Amado expiró ahí
mismo.
Las versiones
Los testigos del crimen sólo coincidieron fehacientemente en que su autor fue un hombre,
de quien –temerosos– evitaron dar sus nombres y cualquier tipo de descripción.
–Sólo escuché los disparos y miré hacia la calle, fue entonces que vi a un hombre caminar
tambaleante hacia el hotel y caer en la entrada –afirmó una de las huéspedes del lugar.
–El señor estuvo con vida varios minutos, pero la ambulancia no llegaba. No recibió ayuda
a tiempo, por esi fue que murió –dijo otro joven inquilino.
En tanto un hombre de edad adulta afirmó que el hombre que le disparó “se fue caminando
hacia allá”, señalando rumbo a la calle Felipe Valle, rumbo al barrio de La Playa.
Una hora después del artero atentado, la escena del crimen estaba copada por agentes de
las diversas corporaciones policiacas: de la Agencia Federal de Investigaciones,
ministeriales de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Guerrero y de la Policía
Preventiva municipal, encabezada por su director Humberto Enoch del Valle Zúñiga.
A pesar de la movilización policiaca, en el ambiente se notaba un clima de verdadera
consternación.
–¿Es cierto que es Amado Ramírez? –pregunta el camillero que observa a sus
compañeros paramédicos atender apresuradamente al periodista que yace boca abajo..
–Sí... –le contesta uno de los periodistas.
–Híjole, qué mala onda –dice con un honesto gesto de pesadumbre.
Como él, muchas personas que al conocer el nombre de la víctima, se solidarizan con el
dolor.
Incluso, un grupo de muchachos se organizaron espontáneamente y formaron una valla
para detener a las decenas de curiosos que se arremolinaban alrededor del lugar del
asesinato, en donde, curiosamente, la sangre de la víctima no corrió.
Hasta los policías mantenían una actitud de respeto hacia la víctima.
–Jefe, aquí reportándole una mala noticia. Desgraciadamente acaban de asesinar al
periodista Amado Ramírez –informa por teléfono –suponemos que al alcalde Félix
Salgado– el titular de la Policía Preventiva, Humberto Enoch del Valle Zúñiga.
***
Son las 8 de la noche y en el Zócalo de la ciudad el ambiente religioso de estos días de
guardar se manifiesta en su espiritual esplendor.
Está a punto de dar inicio la penúltima ceremonia del Viernes Santo, el Rosario del
Pésame. Y en la Catedral, los creyentes se preparan para cumplir con el ritual. Quizá con la
misma fe con que Amado Ramírez llevaba a cabo su profesión de periodista.