Los
exiliados
en
México
por
la
atroz
dictadura
argentina
llevan
dos
naciones
en
un
solo
corazón
AFP
Ciudad
de
México
Vanesa
Dri
llegó
a
México
a
los
nueve
años
huyendo
de
la
represión
en
Argentina:
era
el
8
de
mayo
de
1980.
Hoy
es
una
exitosa
psicoanalista
que
conserva
claros
recuerdos
sobre
su
país
de
nacimiento,
entre
ellos
el
secuestro
a
manos
de
militares
que
sufrió
en
1977.
Treinta
años
después
del
golpe
de
Estado
que
impuso
la
última
dictadura
en
Argentina
(1976-1983),
Vanesa
se
ha
incorporado
a
la
sociedad
mexicana
“por
convicción
propia”,
aunque
reconoce
que
el
exilio
le
ha
dejado
esa
sensación
de
no
pertenecer
a
un
lugar
específico.
“Yo
personalmente
lo
resiento
más
en
el
sentido
de
pertenencia;
nuestros
padres
como
sea
habían
crecido
toda
la
vida
en
su
mismo
país,
cosa
que
no
nos
pasó
a
los
hijos,
a
los
que
tuvimos
que
salir;
pero
está
bien,
salvamos
el
pellejo
de
muchas
maneras”,
comenta
Dri
a
la
AFP.
Hija
de
Jaime
Dri,
cuadro
de
la
organización
guerrillera
Montoneros,
y
de
la
activista
Olimpia
Díaz,
Vanesa
está
en
México
porque
le
gusta
su
comida,
porque
se
mueve
como
pez
en
el
agua
en
sus
calles,
y
ante
todo
por
la
solidaridad
con
la
que
la
recibió
este
país.
“Hay
que
decir
que
todos
los
sureños
que
llegaron
en
la
época
del
exilio
fueron
recibidos
con
los
brazos
abiertos,
(...)
México
es
un
país
tradicionalmente
acogedor
de
refugiados,
es
impresionante”,
apunta.
Con
similares
convicciones,
Virginia
Krasniansky
–una
socióloga
cuyo
hermano
fue
asesinado
por
militares
argentinos–
ha
pasado
28
años
en
México
viendo
en
perspectiva
a
la
patria
que
ella
y
su
familia
dejaron
atrás.
“Yo
viví
y
crecí
en
un
país
en
donde
no
existía
el
analfabetismo,
y
hoy
visito
un
país
en
donde
hay
miles
de
analfabetos
y
gente
recogiendo
basura
en
la
calle
para
comer.
Eso
también
lo
dejó
la
dictadura”,
lamenta.
Krasniansky,
de
61
años,
se
sigue
sintiendo
argentina
aunque
ahora
su
nacionalidad
es
la
mexicana,
pues
llegó
un
momento
en
que
se
cansó
de
ser
sólo
un
testigo
del
proceso
de
cambios
que
México
experimenta.
“Yo
estoy
muy
feliz
de
ser
mexicana,
pero
muy
feliz,
porque
México
está
viviendo
un
momento
histórico
y
a
mí
me
permite
participar
en
lo
que
se
me
antoje”,
expresa.
Otro
argentino
que
también
se
quedó
en
suelo
mexicano
es
el
cineasta
Jorge
Denti,
miembro
de
una
generación
que
“luchaba
para
conseguir
un
mundo
mejor”
y
que
en
cierta
forma
fue
derrotada
por
un
“enemigo
desleal
que
utilizó
las
peores
formas”
de
la
represión.
Denti,
que
llegó
a
México
en
mayo
de
1978,
ahora
se
refiere
a
su
patria
como
“la
Argentina
que
dejé”,
un
país
al
que
regresa
solo
como
turista
en
viajes
que
evoca
con
pasión
disimulada.
“Yo
no
le
guardo
rencor
a
la
Argentina,
pero
puedo
decirte
que
sí
tengo
odio
y
desprecio
por
los
genocidas
que
hicieron
la
masacre
al
pueblo
argentino”,
dice
enfático.
Autor
del
documental
Argenmex
(1996)
donde
pasa
revista
al
sincretismo
cultural
de
los
hijos
de
los
exiliados
argentinos
en
México,
Jorge
Denti
suele
echar
de
menos
a
los
amigos
que
se
quedaron
en
el
camino
“brutalmente
asesinados”
por
la
dictadura.
Sin
embargo,
no
extraña
las
calles
de
Buenos
Aires,
ni
la
brisa
del
Río
de
la
Plata,
ni
los
cafetines
de
las
esquinas
donde
los
porteños
como
él
conocieron
el
arte
de
charlar.
“El
país
cambió
y
yo
también
cambié,
la
Argentina
no
es
la
misma,
y
la
Argentina
que
dejó
la
dictadura
no
es
la
misma
que
yo
conocí,
que
yo
viví,
en
la
que
yo
me
crié”,
argumenta.
A
Jorge
Denti,
como
a
Virginia
Krasniansky
y
a
Vanesa
Dri,
le
sentó
bien
vivir
su
exilio
en
la
tierra
de
los
aztecas.
“México
me
dio
vida
en
un
momento
difícil
de
mi
vida,
nos
protegió,
y
nos
dio
posibilidades
de
seguir
soñando”,
concluye
el
cineasta.
Del
exilio
político
al
exilio
económico,
el
caso
de
una
mexicoargentina
radicada
en
Guerrero
Héctor
Manuel
Rodríguez
La
historia
de
Nora
Vieytes
Cicherro,
como
la
de
cientos
de
hijos
de
exiliados
está
fuertemente
relacionada
con
aquél
24
de
marzo
de
1976,
cuando
un
golpe
militar
orquestado
por
altos
mandos
de
las
Fuerzas
Armadas
expulsó
de
la
presidencia
a
Isabel
Martínez
de
Perón,
quien
asumió
el
mando
en
1974
al
morir
su
esposo
Juan
Perón.
Y
es
que
luego
de
esa
fecha,
las
cosas
empeoraron
en
Argentina,
con
decenas
de
desaparecidos
a
diario
y
un
sistema
económico
tambaleante,
que
obligó
a
muchos
a
emigrar
a
países
como
México,
Venezuela,
España
y
Suiza,
en
su
mayoría.
Precisamente
México
fue
uno
de
los
principales
países
que
abrieron
sus
puertas
a
cientos
de
exiliados
y
perseguidos
políticos
argentinos,
que
lograron
salir,
como
los
padres
de
Nora,
Rubén
Vieytes
y
Mónica
Cicherro,
quienes
militaban
en
ese
entonces
en
un
partido
político
de
izquierda
argentino.
Aunque
ellos
salieron
meses
antes
del
golpe
militar
del
24
de
marzo,
su
destino
pudo
ser
como
el
de
tantos
otros
que
fueron
colocados
en
las
listas
de
perseguidos
políticos,
sediciosos,
agitadores,
disidentes
y
cualquier
otra
cantidad
de
adjetivos
que
el
régimen
militar
imponía.
“Mi
historia
está
fuertemente
relacionada
con
el
golpe
militar
de
marzo
del
76,
porque
aunque
ellos
llegaron
a
México
meses
antes
de
esa
fecha,
el
golpe
se
vino
preparando
de
mucho
antes
y
ellos
militaban
en
un
partido
de
izquierda
en
ese
entonces”,
comenta.
Afirmó
que
México,
seguido
de
España
y
Suiza
fueron
los
únicos
países
que
dieron
espacio
absoluto
a
los
cientos
de
exiliados,
“incluso
en
aquella
época
había
en
la
capital
del
país
la
Casa
de
Argentinos
Radicados
en
México,
ubicada
en
la
colonia
Roma
y
en
donde
llegaban
todos
los
que
vivían
ese
cruento
proceso
de
la
dictadura
militar”,
anotó.
Nacida
en
México
en
1977,
Nora
recordó
que
sus
padres
tuvieron
en
este
país
siete
años
de
una
vida
sin
mayores
complicaciones
por
su
condición
de
exiliados
políticos:
“ambos
se
integraron
a
la
iniciativa
privada,
trabajando
en
una
imprenta.
Vivieron
siete
años
felices
acogidos
por
México,
tenían
un
buen
empleo
y
un
nivel
de
vida
digna,
entonces,
cuando
abre
la
democracia
en
1983
en
Argentina,
decidieron
volver,
aunque
arrepentidos
de
hacerlo
al
encontrar
un
país
corrompido,
y
lleno
de
carencias
económicas”.
El
otro
exilio
Nora,
quien
junto
con
sus
padres
partió
a
ese
país
sudamericano
al
cumplir
los
siete
años
y
regresó
nuevamente
a
México
el
2
de
diciembre
de
2000,
valoró
que
su
situación
actual
es
un
tanto
similar
a
la
de
sus
padres,
ya
que
ella
se
considera
como
“exiliada
económica”,
derivada
de
la
crisis
que
nuevamente
empeoró