Llora
el calcio en Estambul; Liverpool,
campeón de Europa
En desventaja de tres goles,
en una histórica remontada los
ingleses empatan 3-3 a Milán y lo
vencen en penales
DPA Estambul
El
Liverpool se proclamó ayer por
quinta vez campeón de Europa al
derrotar al Milán en una final de
la Liga de Campeones tan
espectacular como dramática en la
que remontó tres goles en contra
para terminar ganando en los
penales.
La
final pasará a la historia. Los
italianos agarraron con una mano y
media el trofeo al descanso
ganando 3-0, pero los ingleses
remontaron en seis minutos
mágicos para escribir una nueva
página de oro en la leyenda de un
club lleno de mitos a los que
ahora se añadirán nombres como
el del técnico Rafael Benítez,
el capitán y alma del equipo,
Steven Gerrard, y el portero
polaco Jerzy Dudek, el héroe en
los penales.
“Debíamos
hacer dos cosas en el descanso,
presionar con más energía y
creer en nosotros mismos: era
posible remontar”, explicó
Benítez el “milagro” del
vestuario.
“Tuvimos
seis minutos de locura en los que
dilapidamos todo”, relató por
su parte su homólogo italiano,
Carlo Ancelotti. Su Milán había
acariciado el séptimo título
europeo, la posibilidad de
acercarse a dos del Real Madrid en
el palmarés histórico de la
competición, pero lo había
dejado escapar.
La
primera parte fue un precioso
monólogo del Milán. Desde el
primer minuto, cuando Maldini
despertó de su sueño a la
defensa del Liverpool hasta el 44,
cuando Hernán Crespo anotó su
segundo gol para poner un 3-0 en
el marcador que parecía
sentenciar la final.
Los
rossoneri apabullaron a los reds a
lo largo y ancho del campo. La
movilidad de Shevchenko y Crespo,
la inteligencia de Kaká y la
solidez de Pirlo y Seedorf no
permitieron casi tocar a un
Liverpool desnortado sin el toque
de Gerrard y Xabi Alonso.
Todo
se le puso de cara al Milán en el
primer ataque del partido. A los
52 segundos, Maldini remató sin
marcaje a gol una falta botada por
Pirlo para romper dos récords de
un plumazo: el gol más rápido y
el autor más veterano en la
historia de las finales.
Fue
toda una sorpresa, no sólo porque
el Milán se adelantase, sino por
el protagonista: a un mes de
cumplir 37 años, el defensa
había anotado sólo dos goles en
148 en competiciones europeas. Y
el tercero lo logró con la
derecha.
El
tanto aturdió al Liverpool, que
vio rotos todos sus planteamientos
de contraataque en cuestión de
segundos. Los reds sufrieron toda
la primera parte y se pudieron
llevar incluso más goles en
contra. En el minuto 12 Luis
García sacó bajo palos un remate
de cabeza de Kaká que entraba, y
en el 27 Shevchenko vio anulado un
tanto por un ajustado fuera de
juego.
En
el minuto 23 Rafa Benítez, el
técnico español del Liverpool,
quitó al australiano Kewell, su
sorpresa en la alineación, e
introdujo al checo Vladimir
Smicer, una apuesta más ofensiva.
El
cambio no arregló nada, y el
Milan se gustó. En el minuto 39
Shevchenko rompió por enésima
vez la línea defensiva inglesa y
centró a Crespo, que picó con
habilidad el segundo. El argentino
redondeó su cuenta en el 44 con
otra brillante definición a un
espectacular pase de Kaká.
Los
15 minutos del descanso, decisivos
Al
descanso, los 18 mil milaneses
celebraban ya el título, mientras
los 20 mil liverpudlians agachaban
la cabeza. Ninguno de los 69 mil
500 espectadores que abarrotaron
el estadio Ataturk de Estambul
podía pensar en algo que no fuera
un triunfo rossonero, pero en el
vestuario del Liverpool se cocía
una remontada épica.
El
impulsor de la revolución fue
Benítez, con el cambio de Dietmar
Hamann por Steve Finnan, y la
recolocación de todo el equipo a
tres centrales y dos laterales de
largo recorrido. Pero la
explosión de efectividad fue
producto del orgullo de los
jugadores, que saltaron de nuevo
al campo con sangre en el ojo.
Shevchenko
aún pudo marcar el cuarto en un
tiro libre que envió con apuros
Dudek a córner, pero en breve la
magia del futbol apareció: en
seis minutos, en el partido más
importante del año en Europa, el
Liverpool anotó tres goles.
Primero
Gerrard en el 54 remató de cabeza
al ángulo largo ante la pasividad
de Stam, en el 56 Smicer agarró
un derechazo desde 30 metros
ajustado al palo que Dida no supo
desviar, y en el 60 llegó la
apoteosis: Gattuso (que debió ser
expulsado pero no vio siquiera
amarilla) derribó a Gerrard
dentro del área y Xabi Alonso
anotó el tercero al aprovechar el
rebote de su propio penal.
El
delirio de los aficionados del
Liverpool fue para recordar. Hace
20 años fueron protagonistas
negativos por la tragedia de
Heysel, y hoy lo fueron en lo
positivo por los gritos, lloros y
cánticos cuando Alonso empató,
el premio al incansable ánimo que
dieron a los suyos.
Los
dos equipos se tomaron entonces un
respiro. Como dos púgiles en el
penúltimo asalto, se respetaron
en el ring sin intercambiar
golpes. En el último round lo
intentó el Milán, que introdujo
a Tomasson por un agotado Crespo y
a Serginho, su hombre amuleto,
pero Kaká remató fuera de cabeza
cuando lo más fácil era
finiquitar la final.
Llegó
la prórroga, y con ella el drama.
Dos equipos desfondados y con el
corazón saliéndose del pecho
tras las enormes emociones vividas
en 90 minutos eran incapaces de
crear, y todo quedó a merced de
una genialidad.
La
tuvo Shevchenko en sus manos, pero
la realizó Dudek al detener dos
remates consecutivos mortales de
necesidad al borde de la línea de
gol. En la lotería de los penales
la fortuna sonrió al Liverpool,
que se queda como el tercer equipo
más laureado de la competición,
sólo por detrás de Real Madrid
(nueve) y Milan (siete), y por
delante de Ajax de Amsterdam y
Bayern Múnich (cuatro).
Ni
el Brasil del 70 hubiera
remontado: Maradona
El
astro argentino Diego Armando
Maradona fue hoy uno más de los
69 mil 500 privilegiados que
asistieron atónitos al juego.
“Un
partido así, con el Milán por
delante 3-0, no lo hubiera
remontado siquiera el Brasil de
1970”, afirmó en un entrevista
con la cadena británica de
televisión Sky.