Del autoritarismo a la apertura informativa

 

Moisés Alcaraz Jiménez

 

 

El pasado miércoles 25 de abril, la Cámara de Diputados aprobó la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental, que obliga a los tres poderes de la Unión a proporcionar la información que la población les solicite respecto a su estructura orgánica y funcional, planeación y programación de actividades y recursos asignados.

La ciudadanía podrá solicitar, inclusive, el monto de los sueldos, bonos y gratificaciones que perciben los servidores públicos e información sobre el cumplimiento de metas y objetivos de cada una de las dependencias federales y de los organismos constitucionales autónomos, que además tendrán que abrir sus archivos a quien así lo requiera mediante los procedimientos que la propia ley establece para el caso del poder ejecutivo y a través de la forma en que próximamente lo determinarán el Legislativo y el Judicial para sus respectivos ámbitos de acción.

La ley señala los casos específicos en que no podrá proporcionarse ningún tipo de información considerada reservada o confidencial, que es aquella que puede afectar la seguridad nacional, la seguridad pública, la defensa nacional, la estabilidad del país, la persecución de los delitos o la impartición de justicia y los secretos fiscales, bancarios o comerciales.

El órgano encargado de vigilar el cumplimiento de esta ley, será la Comisión Nacional de Derechos Humanos y se creará el Instituto Federal de Acceso a la Información Pública, que será el responsable de promover y difundir el ejercicio del derecho a la información y resolver en casos de negativas a las solicitudes que se presenten, así como aplicar las sanciones a que haya lugar.

Este instituto estará integrado por cinco ciudadanos nombrados por el titular del ejecutivo federal y serán ratificados por el Senado de la República. La ley todavía está sujeta a revisión por esta cámara, que en términos generales ha aceptado el contenido de la misma.

En muchos estados de la República existen significativos avances para elaborar leyes similares. En Sinaloa se aprobó hace unos días una Ley de Información. Hay quienes señalan que esta ley es más completa que la federal. Los panistas de Nuevo León, por su parte, afirman que su fracción parlamentaria en el Congreso local prepara una ley en esta materia mejor estructurada y de mayor alcance que la recientemente aprobada por los diputados federales.

Los titulares del Poder Ejecutivo de Puebla, Tlaxcala, Zacatecas y Chiapas, están por enviar a sus órganos legislativos sus iniciativas para contar con una legislación similar a la federal, y el gobernador de Morelos entregó el pasado 23 de abril al Congreso del estado su correspondiente iniciativa.

Esta ley constituye una parte fundamental del cambio político y de la transición a la democracia. Es un gran paso del autoritarismo a la democracia informativa y si bien es una ley aún muy perfectible, su aprobación se considera como uno de los más grandes logros políticos y sociales del país en las últimas décadas.

Este nuevo ordenamiento jurídico abre amplias posibilidades de supervisión ciudadana a la actividad del Estado y seguramente obligará a las autoridades federales a transparentar sus acciones. Bien utilizado por la población, el derecho al acceso a la información contribuirá a una mejor rendición de cuentas.

Actualmente, antes de que las nuevas disposiciones entren en vigor, mucha información pública que debería ser entregada sin ningún obstáculo a quien la solicite, es negada sistemáticamente y guardada muy celosamente como secreto de estado.

Atrás de esta negativa, se encuentra siempre una amplia gama de corruptelas y turbios negocios de funcionarios deshonestos que lucran al amparo de este vacío jurídico que la nueva ley viene a subsanar.

En estados de la República donde ningún avance se tiene en lo referente al acceso de la ciudadanía a la información pública, como es nuestro caso, mucho dependerá de la presión social que se ejerza y de los reclamos de la población para que se empiece a legislar y no quedarnos a la zaga en este asunto de interés nacional y de gran trascendencia política y social.

En Guerrero, donde la corrupción se ha convertido en uno de los factores que contribuye al mayor atraso social, mucho ayudaría una ley de este tipo. En este tema los gremios de comunicadores, los profesionales del derecho, colegios de abogados y otros grupos de profesionistas, partidos políticos y sectores universitarios y empresariales, mucho tienen que decir al respecto.

 

 

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La ley que Guerrero necesita

 

Xavier Carreto A.

 

Ha sido aprobada por diputados y senadores la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental, con lo cual se presenta la posibilidad de empezar a conocer realmente la vida pública en nuestro país. Se contará con un marco legal amplio que permitirá a la sociedad mexicana acceder a la información, cuando así se solicite, de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial; también se podrá conocer lo relativo a los organismos autónomos como el Banco de México, la Comisión Nacional de Derechos Humanos, el Instituto Federal Electoral.

Será pública la información relativa a los sueldos y prestaciones de los servidores públicos; concesiones otorgadas, licitaciones, resultados de auditorías, compras y adquisiciones, contrataciones, estados financieros, los padrones de beneficiarios de los programas sociales que establezca el proyecto de egresos de la federación, entre otra información relevante para el interés de los ciudadanos.

Habrá, asimismo, restricciones para conocer información que pudiera afectar la integridad física y la privacidad de las personas; se ponga en riesgo la seguridad nacional y pública; la prevención y persecución de los delitos; la impartición de la justicia; la recaudación de las contribuciones, entre otras limitaciones.

Para garantizar que los ciudadanos que soliciten información sean oportuna y eficazmente atendidos, se creará el Instituto Nacional de Acceso a la Información Pública, organismo autónomo en sus decisiones. Contará con cinco comisionados que serán propuestos por el Ejecutivo y la Cámara de Senadores podrá rechazar las propuestas por mayoría simple.

Cualquier ciudadano podrá solicitar la información que requiera por escrito y la dependencia contará con 20 días para proporcionarla. Todo esto permitirá que la sociedad conozca a fondo el ejercicio del gasto público, se combata la corrupción que ha permitido que un buen número de gobernantes se hayan enriquecido al amparo de los cargos públicos; así también tendremos una efectiva rendición de cuentas.

Para que la ley aludida tenga aplicación en las entidades federativas, ya en algunos estados de la República se vienen promoviendo iniciativas de ley similares a la aprobada por el Congreso de la Unión. El Partido Acción Nacional, por su parte, ha sugerido a los gobernadores que militan en esta organización política que inicien a la brevedad posible trabajos encaminados a que esta ley pueda tener plena vigencia en sus respectivos territorios.

En Guanajuato, por ejemplo, el gobernador Juan Carlos Romero Hicks anunció que en este mes de mayo, cuando comience el periodo ordinario de sesiones, propondrá al Congreso local una iniciativa de ley que permita a los ciudadanos el acceso a la información pública. Aseguró el gobernador panista que ya tiene elaborada su propuesta y corresponderá a los legisladores analizarla, discutirla y, en su caso, aprobarla.

Se sabe también que en el estado de Sinaloa, se aprobó el pasado 22 de abril, una nueva Ley Estatal de Acceso a la Información Pública, calificada de avanzada a nivel nacional. Por su parte, los gobernadores de Colima, Michoacán y Sonora han expresado su interés porque en sus respectivas entidades pueda tener vigencia una ley como ésta.

En el estado de Guerrero, nos urge que una ley de acceso a la información pública gubernamental se pudiera aprobar por los legisladores locales, pues el ejercicio del gasto público del gobierno del estado ha sido ampliamente cuestionado por diversos sectores de la sociedad guerrerense.

Para los guerrerenses nos queda claro que el ejercicio del gasto público ha servido para enriquecer a los políticos priístas, a sus amigos, familiares y compadres. Con la excepción de don Alejandro Cervantes Delgado, y tal vez alguien más, el resto de quienes han gobernado esta entidad se convirtieron en millonarios al haber aprovechado para su beneficio personal los recursos públicos que debieron haber servido para beneficiar a la sociedad guerrerense.

A la lista de los ex gobernadores enriquecidos debe añadirse los nombres de los ex presidentes municipales de Acapulco y de otros de los principales municipios de la entidad; podría asegurarse, sin faltar a la verdad, que ninguno de ellos tiene problemas económicos como sí los padece la mayoría de los ciudadanos de este estado.

Tampoco exageramos si decimos que el atraso, la ignorancia y la miseria en las que vive nuestra sociedad es resultado, en buena medida, de la desviación de los ingresos fiscales a los bolsillos de quienes nos han gobernado y que no son otros que los miembros prominentes del Partido Revolucionario Institucional.

Entre las dudas más recientes del gasto público del gobierno estatal, tenemos el caso de la construcción del Hospital General de Taxco, en donde el diputado federal panista, Esteban Sotelo, ofreció que la fracción parlamentaria de su partido enviará esta semana el expediente de este caso a la Secretaría de la Contraloría para agilizar las investigaciones, ante la incompetencia de la Contraloría estatal y la incapacidad del Congreso local para atender este asunto.

También existen serias dudas de cómo se realiza el gasto gubernamental en los rubros de Seguridad Pública, Impartición de la Justicia, Educación, Empleo Temporal, Obra Pública, entre otros, por lo cual la Cámara de Diputados ha aprobado un punto de acuerdo para que la Auditoría Superior de la Federación fiscalice el ejercicio de los dos primeros rubros que hace el gobierno del estado de Guerrero .

Por la desconfianza que existe de la honestidad de los presidentes municipales de la Costa Chica, siete de los nueve pertenecen al PRI, los recursos que el Comité Técnico del Fideicomiso Público de la Lotería Nacional ha destinado a esa región para proyectos productivos, nutrición, vivienda y educación serán supervisados en su ejercicio por Organizaciones No Gubernamentales como la Fundación Mexicana para el Desarrollo Rural, el Tecnológico de Monterrey, la organización Compartamos Alimentos, entre las más conocidas.

Para no ir más lejos, ahora que se empieza a vivir intensamente el proceso electoral local del próximo octubre, es bueno recordarles a los priístas, empezando por su dirigente estatal, Juan José Castro Justo, que sería bueno que quienes encabezaron la administración municipal anterior en Acapulco, entreguen los soportes contables de la cuenta pública que hasta la fecha no han entregado. Así los acapulqueños nos enteraremos de quienes desvían recursos del erario para sus bolsillos y para las campañas de sus precandidatos y candidatos a los cargos de elección popular.

Si a Castro Justo de verdad le preocupa la desviación de recursos públicos, promover el envío de una iniciativa de ley que en Guerrero nos permita saber cómo se realiza el gasto gubernamental sería una prueba de su sinceridad. La mayoría calificada priísta en el Congreso local podría ayudarle al presidente de su partido en este propósito compartido por los ciudadanos guerrerenses.

Concluyo estas líneas, diciéndole al licenciado Héctor Popoca, autor del artículo Etica en la democracia –publicado en El Sur, el 18 de abril del 2002–, que si él lo hizo pensando en la podredumbre del proceso electoral efectuado en la UAG, a mí me sigue pareciendo más apropiado para explicar cómo los priístas han gobernado nuestra entidad, sobre todo ahora que nos envían la maquinaria electoral más pesada con la cual cuentan a este municipio. Sin embargo, creó, que ni así habrán de ganar, pues los acapulqueños vivimos mejor sin ellos en el gobierno.

 

 

 

Plaza Pública

 

* Dignidad en la Ibero

 

Miguel Angel Granados Chapa

 

Los trabajadores de la Universidad Iberoamericana –el más antiguo establecimiento privado de su género, dueño de una sólida reputación– decidieron retomar el timón de su sindicato. Ante el conflicto laboral que lastima desde hace meses a esa institución, algunos de ellos confiaron en que la Compañía de Jesús, a cuyo sistema escolar pertenece la Ibero, intervendría para dirimir las crecientes dificultades originadas en una perniciosa política antisindical. Pero cansados de esperar resolvieron actuar por su cuenta, mediante los instrumentos legales a su alcance: el martes pasado una asamblea electoral mostró el verdadero talante de la agrupación del personal de la UIA.

Significativamente, la planilla triunfadora se bautizó Dignidad, pues ese fue el valor que sus integrantes enarbolaron para recuperar la soberanía sindical, disminuida y amenazada por un comité provisional que abandonó a sus representados. También de modo significativo, la planilla continuista se llamó a sí misma Fuerza. Pero careció de ella, pues por cada voto en su favor se depositaron diez en pro de la Dignidad. El resultado indica que la inmensa mayoría de los miembros del sindicato, lejos de amilanarse ante la campaña intimidatoria destinada a inhibir la participación sindical, resolvieron ejercerla y consolidar a su agrupación.

Una errónea apreciación del papel del sindicato en la vida de la comunidad condujo a las autoridades de la Ibero a la pretensión de debilitarlo como si fuera un obstáculo para el desarrollo institucional. Lo contrario había sido claro en el cuarto de siglo corrido desde la formación del sindicato. Para hacerlo flaquear, primero se pidió a los jesuitas que son profesores, dejar de pertenecer a la agrupación. Enseguida, en 1999 se intentó revisar el contrato colectivo de trabajo no obstante que era el turno de sólo fijar nuevo salario. La consecuencia fue una huelga de casi un mes, cuya causa se imputó a la dirección sindical. En ese marco una tercera maniobra hizo que unos cincuenta trabajadores renunciaran a su afiliación sindical y, más todavía, iniciaran juicios contra la dirección gremial. Ante ese embate renunció el comité, y fue reemplazado por uno provisional, a cuya cabeza fue designado el profesor Gabino Páez. Quiso ser elegido este martes, para afianzar su liderazgo, y sólo lo acompañó la voluntad de 29 de sus compañeros (30 con él mismo).

Como si no fuera el dirigente del sindicato sino su adversario, Páez se empeñó en debilitarlo. Retiró el poder con que los representaba el abogado Arturo Alcalde y lo entregó, sin consentimiento de la asamblea sindical, a un ambiguo litigante, administrador de contratos de protección y representante de la CTM en los tribunales laborales. El líder y el apoderado dieron pronto santo y seña de su ubicación, cuando dejaron sin apoyo a los trabajadores que, una treintena en el último medio año, fueron despedidos. La causa de los abruptos e injustificados ceses fue explicada sin rubor: todos habían ocupado puestos de representación sindical (o, en el colmo de la represión, eran parientes de quienes la habían ejercido) y eso se había convertido en conducta inadmisible.

Es ejemplificativo el caso de la maestra Florinda Riquer, que en diciembre de 2000 fue nombrada responsable del posgrado de ciencias sociales (maestría en sociología y doctorado en ciencias sociales). En enero de 2001 fue ratificada en su tarea debido a su “excelente desempeño académico”. El 4 de marzo, sin embargo, le fue notificada la decisión de despedirla. Había sido secretaria general del sindicato (que agrupa a trabajadores académicos y administrativos) en 1988, pero desde entonces se había consagrado a las labores propiamente académicas. Sin embargo, el 8 de marzo se le impidió el acceso a la Universidad y poco después de su cubículo fueron arrojadas sus pertenencias personales.

Sin conseguir hacerse escuchar dentro de la Iberoamericana, la maestra Riquer, que allí mismo había obtenido su licenciatura y su posgrado, acudió al provincial de los jesuitas, don Juan Luis Orozco. En una de sus comunicaciones, el 23 de marzo le informó que “la ola de despidos injustificados no ha cesado. Esta semana fueron llamados por Efraín Benítez, jefe de relaciones laborales, dos compañeros y una compañera más del sector servicio. En el caso de la compañera, empleada de aseo, otra vez se recurrió a la amenaza de que de no aceptar su liquidación se correría a su hermana, empleada con doce años de antigüedad  en la UIA, único sostén de sus hijos.

“Comprendo, como se lo expresé en mi anterior carta, que la situación en la Iberoamericana es en extremo compleja y grave y que la intervención de la Compañía de Jesús no puede ser precipitada. No obstante, me atrevo a suplicarle que tomen alguna medida lo antes posible en virtud de que no parece haber razón ni ley que detenga esta embestida contra la comunidad universitaria”.

La renovación del comité sindical fue la ocasión para que los trabajadores, sin respuesta de los jesuitas, resolvieran hacer lo que es propio: organizar la resistencia contra esa embestida, a través de la recuperación de su órgano sindical. Las autoridades serán sin duda sensibles al mensaje contenido en la elección de una planilla que, a diferencia del comité saliente, defenderá a los despedidos conforme a la ley. Una nueva interlocución sobre esa base contribuirá a conciliar las voluntades de las partes en la relación laboral, coincidentes en enaltecer a la Ibero.

 

 

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El vicio de la lectura

 

(Segunda y última parte)

 

Héctor Manuel Popoca Boone

 

Recomendable a todas luces es el libro de Mónica Lavín: Leo, luego escribo, ideas para disfrutar la lectura. Editorial Lectorum, del cual prosigo transcribiendo y recreando algunas de sus excelentes reflexiones.

Mónica nos dice que leer y escribir en última instancia son actos de rebeldía, porque no estamos conformes con esta única oportunidad de vida que tenemos. La insatisfacción es, a final de cuentas, lo que mueve al mundo; lo que lo tiene en vilo. Un mundo que siempre necesitará ser mejor.

La buena lectura es un proceso de autoencantamiento y de seducción si es que el contenido de la página escrita nos subyuga y atrapa. Con ella, ensanchamos nuestro limitado universo y constreñida percepción que la cotidiana vida nuestra nos ofrece. Conocemos, confrontamos y aceptamos puntos de vista distintos, comprendemos y entendemos más la condición humana y su comportamiento ante diversos desafíos y circunstancias, entendemos mejor las diversas aristas de la materia viviente y fascinante que somos los humanos.

Por eso la lectura nos hace ser más tolerantes, en un mundo necesitado de mucha tolerancia, en donde escasea la comprensión y entendimiento mutuo.

La lectura también tiene que ver con la libertad del individuo; no en balde podemos elegir el objeto de lectura. Aunque no siempre, porque la historia del hombre contiene de vez en vez, o mejor dicho casi permanentemente, los impedimentos para que se lean ciertas cosas como son las ideas que disienten de las ya establecidas, las que contienen gérmenes de descontento, las que presentan realidades alternas, mundos más amplios, las que incitan al debate o a la polémica, en el extremo han llegado a censurar las que nos proporcionan alegría  o nos provocan una sonrisa o rubor.

Vargas Llosa afirma que nada como leer novelas para formar ciudadanos críticos e independientes, difíciles de manipular, en permanente movilización espiritual y con una imaginación siempre en ascuas.

Por eso, hay que estar leyendo constantemente para mantener siempre nuestra zarza personal ardiendo. Si bien es importante desarrollar el hábito de leer; lo es más tener conciencia de cómo leer. El arte de la seducción está presente en la lectura. Cuando la palabra escrita conmueve, estamos en presencia de la literatura; de la palabra o idea escrita que trasciende. El poder de un texto a veces es inconmensurable. Una simple narración nos puede llevar a reflexionar que no hay una verdad absoluta sino una vasta variedad de verdades relativas.

El vicio de la lectura no se acabará mientras el hombre no termine de hacerse preguntas y de buscar respuestas. El lector es un sediento permanente, agradecido de aquellas lecturas que colman sus expectativas, incluso que las rebasan y de las recomendaciones que lo acercan a otros libros y autores. La lectura es una experiencia compatible; socializarla es obligación de nosotros, los adictos.

Un libro no leído es una ventura que nos perdemos de vivirla o una oportunidad de ensanchar y hacer crecer nuestra visión de las cosas. Mediante la lectura nos posibilitamos a vivir otras vidas ajenas a las nuestras. Los libros nos dan el privilegio de reencarnarnos en los personajes que siempre hemos querido ser y de conocer, las entrañas de aquellos que siempre hemos aborrecido. Podemos enamorar a Cleopatra, ser cómplices de Nerón o mariscales de Napoleón.

También el libro nos posibilita transportarnos más allá del sillón, pupitre o porcelana donde estemos sentados y ubicarnos casi en el paraíso, casi en el infierno; en la gloria o en la desgracia; en un trono o en una celda; solos o en una isla o rodeados de cortesanos en el palacio de Versalles.

El libro necesita del lector para estar vivo. Don Quijote, de Cervantes; Madame Bovary, de Flaubert; Hamlet, de Shakespeare; El Santo Evangelio,  de San Marcos o el Contrato Social, de Rosseau no tendría vida eterna si no tuviera lectores permanentes, recurrentes y renovados. No sólo nosotros necesitamos del libro para ensanchar nuestra existencia limitada. El libro necesita de nuestra presencia y de nuestra actividad lectora, de nuestra avidez por conocer o al menos curiosear y por supuesto de nuestra recomendación y difusión, para estar vigente. El ser lector también nos proporciona el privilegio de otorgar inmortalidad.

La asiduidad en la lectura nos permite aprender a leer entre líneas y a tener lecturas múltiples; a descubrir lo que no se dice explícitamente, pero que únicamente podemos descifrarlo por lo que está escrito o expresado. No por gratis nuestros políticos recurren con frecuencia a la criptografía. La relectura, de igual forma, puede ser una delicia si el texto no es efímero al ofrecernos siempre ángulos distintos, posibilidades inmensas y sensaciones diversas.

Hay que saber escuchar leyendo. La lectura tiene música, ritmo, cadencia, sonido en el silencio, provoca emociones y desata pasiones. La escritura le da vida al papel y nos proporciona personajes y situaciones entrañables o detestables, pero todo ellos imborrables. Leer es también horadar nuestra memoria y conquistar en ella un espacio para el espectáculo de la vida intensa, donde la ilusión es realidad y viceversa.

Finalmente, la costumbre de leer nos lleva de la mano al hedonismo libresco y después ineludiblemente, a tenerle amor a las letras.

PD. Breve cuento modificado de Tito Monterroso: Cuando desperté, la burocracia todavía estaba allí.