CONVERSACIONES
PRIVADAS
*
Wonderbra
J.
Jesús Blancornelas.
Los
publicistas de Wonderbra la hicieron.
Con sus colosales carteleras alborotaron a las damas para usar ese brasier tan
atrevido en su diseño. Muy confortable según sus creadores. Inevitables a la
vista, los espectaculares en las azoteas de provincia o al lado del
Periférico en la ciudad de México, estimularon a los caballeros toda clase
de imaginación. No dudo –en algunos casos– hasta la excitación. Pero en
algunas ciudades las autoridades ordenaron modificar o retirar los anuncios.
Fueron etiquetados como indebidos a la vista de todo mundo y, machacaron,
lujuriosos. Estos calificativos y la disposición oficial de eliminarlos se
convirtieron en noticia. La destacaron en periódicos y televisión. Así,
creció inesperadamente el efecto planeado por los propagandistas. Casi todo
mundo habló de Wonderbra.
Infortunadamente para los diseñadores, fabricantes y vendedores, el golpe
publicitario no duró mucho. Fue como un cohete de juegos pirotécnicos. Tan
pronto como lo prendieron deslumbró. Pero inmediatamente se apagó. Muy
bonito. Solamente un pestañeo.
Hay otra
marca de lencería con mayor prestigio. Tiene más años y no explota sus
diseños mostrándolos en carteleras: Victoria
Secret´s. En los centros comerciales de Estados Unidos las tiendas de tal
marca son tan elegantes como infaltables. Siempre las vi concurridas. Eso sí,
distribuyen catálogos por miles, muy bien impresos con sus correspondientes
formularios y sobres para hacer pedidos por correo. Naturalmente, tienen
página de internet. Justicieramente Victoria
Secret´s es lo más bien hecho, fino y de clase en su ramo. Al ver las
prendas o la publicidad, cualquiera, diríamos que fueron elaboradas por
hábiles y cuidadosas damas o expertas señoras de la tercera edad. Pero no.
Quedé sorprendido cuando me enteré que prisioneros estatales y federales en
Carolina del Sur, estadounidense, fabrican todas esas prendas con mucha
delicadeza. Bragas, bodywear, bodyflex, batas, negligés y Miraclebra que superó al Wonderbra.
Casi todos los reclusos están dedicados a las confecciones. Y no es la única
prisión donde pasa tal. En Estelle, de Texas, se elabora buena ropa de varias
marcas y mucha venta. Inclusive supe que en esa tarea participan enfermos
mentales. El trabajo tan meticuloso les sirve de terapia.
En las
penitenciarías mexicanas no sucede eso ni de milagro. Existe mayoritariamente
el narcotráfico solapado por los directores. Todo, naturalmente, a cambio de
millonarios sobornos. Cualquiera se quedará sorprendido al enterarse: las
cárceles son ahora el mejor lugar para entrar como visitante, consumir o
comprar droga sin ningún problema. Lo mismo en prisiones municipales,
estatales o federales.
No
exagero afirmando cómo funciona en gran escala el comercio carnal. Es
francamente descarado. También existe el mercado negro de licores, alimentos,
celulares, televisiones, armas y, como me platicó un prisionero: “Todo lo
que quepa por la puerta”.
En
Tijuana, por ejemplo, a pesar de once años de gobierno panista, el
desbarajuste y la corrupción crecieron. Los reos adinerados, especialmente
sentenciados por narcotráfico, se llevan a su familia a vivir con ellos en
casitas vendidas por los directores, o construidas a su antojo “con vista al
patio central”. Tienen servidumbre, protección y cuanto se les antoje.
Hasta fiestas con bandas gruperas. Entre los numerosos garrafones llenos de
agua, van revueltos los de vodka, ginebra o tequila. Se confunden. Ha llegado
a tal punto la corrupción en nuestros penales, me consta, que ahora son
refugio de los asalta-bancos o secuestradores. Cometen el robo o plagio.
Llegan como visitantes y se la pasan allí uno, dos o tres días. Una forma
sorprendente para esquivar a la policía. Naturalmente, sobornando al
director.
Huntsville
es una ciudad de apenas 40 mil habitantes. Está a 100 kilómetros de Houston
en Estados Unidos. Celebérrima localidad. Afamada por sus siete prisiones
construidas en gran conjunto. Aparte de significarse por su disciplina es una
verdadera potencia industrial. Allí están repartidos 15 mil prisioneros. Ah,
pero eso sí, casi nadie flojea. En un penal se especializan criando ganado
vacuno y equino de alta calidad. En otro, llamado Wayne, elaboran placas de
circulación para vehículos. Tienen bastante calidad. Y en otro se preparan
productos lácteos de buenas marcas.
Me dejó
con el ojo cuadrado Ignacio Carreo con un reportaje en El País. Relató que este conjunto de prisiones permite a
Huntsville tener la mejor escuela de Derecho Penal en Estados Unidos. Los
estudiantes tratan casos verídicos y los reos son obligados a exponer el
motivo de su delito. Se realizan procesos, participan jurados y se dictan
sentencias supuestas. No sucede en otra parte.
El más
sorpresivo de los datos: tienen su propio cementerio precisamente por existir
allí la Casa de la Muerte. 250
reclusos fueron ejecutados en los últimos veinte años. La mitad, los empujó
el verdugo George W. Bush cuando ejerció como gobernador. Aun siendo
candidato presidencial no tuvo clemencia para cinco prisioneros, entre ellos
un mexicano. A este lugar le llaman la
industria para producir cadáveres y se convierte en negocio para el
exterior. Cuando hay ejecuciones las gasolineras agotan el combustible. Los
restaurantes se retacan. Menú de cafetería con precios de restaurante
lujosos. Cobran hasta 20 dólares por dos, tres horas de estacionamiento y
para completar el cuadro, tienen museo exhibiendo armas curiosas confiscadas a
los reos y la primer silla eléctrica usada en Huntsville.
Otras
prisiones en Estados Unidos son diferentes. Por ejemplo, en la de Washington
elaboran y empacan piezas para computadores de diferentes marcas. Algunas en
California tienen un sofisticado equipo de computación para la reservación
de vuelos comerciales. Cuando alguien aparta lugar para viajar en TWA no se
imaginan estar hablando con reos. En Nuevo México sacan a los sentenciados
para asear habitaciones en algunos hoteles. Pero en todas esas cárceles, aún
donde confeccionan Victoria Secret´s,
los trabajos son forzados. Ningún reo recibe paga. Es un sistema oficial para
nivelar los gastos por el mantenimiento de los sentenciados.
Recuerdo
en mi infancia, allá por los 40. La cárcel en San Luis Potosí estaba en una
enorme construcción porfiriana. Le decían El
Charco Verde y de ese color estaba pintada. De entrada, un enorme portón
y enseguida la barandilla. Inmediatamente el enrejado. Unos diez o más metros
de ancho por otros tantos de alto. Desde afuera se veía un enorme patio con
celdas alrededor. La gendarmería sacaba a los presos cada mañana a barrer
las calles. Decían que era castigo. Nuestros mayores para atemorizarnos. “Si
te portas mal vas a terminar como esos”. Y la más socorrida razón: “A
limpiar. Que desquiten la comida. No los vamos a tener de flojos y nada más
pensando en maldades”.
Los
penales son un problema nunca tocado por el nuevo presidente de la República.
No se han fijado pero ya son un peligro muy serio para el país a excepción
de Almoloya y dos o tres más. No exagero al escribirlo: en muchos no se
escapan en bola porque no quieren.
Es tan fácil. Creo que todo reo debería ser destinado a trabajos forzados.
Lo mismo quebrar piedras en el campo como se ve en las películas, cuidar
ganado, barrer calles y hasta obligarlos a laborar con mucha delicadeza
prendas íntimas. No le hace que sean Wonderbra.
O hasta botas.
Sugerencias
y comentarios: blancornelas@zetatijuana.com